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Padre Nuestro que estás en el bosque,


en el mar, en el desierto y en la ciudad.
Santificada sea tu Creación,
pletórica de desarrollo, fuerza y vida.
Venga a nosotros tu sabiduría,
para proteger y desarrollar la belleza que nos has dado,
que está en la flor y en el arco iris, en el agua,
y en la fértil madre tierra, en el cálido aliento del sol
y en la fresca oscuridad del descanso.
Hágase Señor tu voluntad,
para que seamos personas humanas
a tu imagen y semejanza, los que asumamos el reto
de mantener el proceso vital de tu creación.
Danos hoy el verdor de cada día,
en el prado y en el monte,
en el jardín y en la tierra que agoniza.
Perdona nuestra irresponsabilidad,
al no cuidar lo que nos has dado.
Como nosotros por tu amor
perdonamos a los contaminadores,
y les instamos con vehemencia
a que abandonen su trabajo de destrucción.
Y no nos dejes caer en la desertificación,
que a la muerte conduce,
que niega tu obra y aniquila la vida.
Y líbranos del conformismo,
para que se transformen nuestras vidas
en fuerza dinámica, que reproduce la vida.
Amén.
Una oración enviada por un padre franciscano  


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El día en que llegaste al cielo,

El día en que llegaste al cielo, no paraban de cantar los ángeles  tu melodía Alondra mía, Dios al oírlos  cantar se sentó junto a ellos, sus ángeles, cantan aquello y les sonríe sin motivo alguno.  Mueve la cabeza como diciendo que son como niños,   luego te llama por tu nombre,  y te ves tan llena de luz Alondra.  Atrás quedó la oscuridad, al fin eres libre,  eres tú madre, ya no te falta nada, ahora eres amor infinito, me hubiera gustado tenerte así a mi lado, pero dios quiso  llevarte y ya ves,
aquí estoy tan solo imaginándote al son de una guitarra y una pluma.

NORMY(r)

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Yo no te quiero dar  las rosas que mañana...  Mañana no tendrás.
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Dulce María Loynaz  fue una de las poetisas  más importantes  tanto en su tierra como en el mundo entero;  nació en la ciudad de La Habana  el 10 de diciembre de 1902  y falleció allí también el 27 de abril de 1997. 

Madre Tierra*

No Puedo No puedo cerrar mis puertas ni clausurar mis ventanas:
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Salgo al camino y escucho,
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Ni en el fondo de la noche…