Ir al contenido principal

Padre Nuestro que estás en el bosque,


en el mar, en el desierto y en la ciudad.
Santificada sea tu Creación,
pletórica de desarrollo, fuerza y vida.
Venga a nosotros tu sabiduría,
para proteger y desarrollar la belleza que nos has dado,
que está en la flor y en el arco iris, en el agua,
y en la fértil madre tierra, en el cálido aliento del sol
y en la fresca oscuridad del descanso.
Hágase Señor tu voluntad,
para que seamos personas humanas
a tu imagen y semejanza, los que asumamos el reto
de mantener el proceso vital de tu creación.
Danos hoy el verdor de cada día,
en el prado y en el monte,
en el jardín y en la tierra que agoniza.
Perdona nuestra irresponsabilidad,
al no cuidar lo que nos has dado.
Como nosotros por tu amor
perdonamos a los contaminadores,
y les instamos con vehemencia
a que abandonen su trabajo de destrucción.
Y no nos dejes caer en la desertificación,
que a la muerte conduce,
que niega tu obra y aniquila la vida.
Y líbranos del conformismo,
para que se transformen nuestras vidas
en fuerza dinámica, que reproduce la vida.
Amén.
Una oración enviada por un padre franciscano  


Comentarios

Entradas populares de este blog

El día en que llegaste al cielo,

El día en que llegaste al cielo, no paraban de cantar los ángeles  tu melodía Alondra mía, Dios al oírlos  cantar se sentó junto a ellos, sus ángeles, cantan aquello y les sonríe sin motivo alguno.  Mueve la cabeza como diciendo que son como niños,   luego te llama por tu nombre,  y te ves tan llena de luz Alondra.  Atrás quedó la oscuridad, al fin eres libre,  eres tú madre, ya no te falta nada, ahora eres amor infinito, me hubiera gustado tenerte así a mi lado, pero dios quiso  llevarte y ya ves,
aquí estoy tan solo imaginándote al son de una guitarra y una pluma.

NORMY(r)

Soñaba....

Soñaba que junto a un lago lleno de cisnes enamoradosme sentaba,
en una banca azula hablar horas con aquellas aves, pero no podía entender nada de lo que me decían,y de pronto, ellas volaban des pavoridas y me dejaban sola junto al lago,era como que algo acechaba. Entonces aquel viejo castillo que solía estar vació, se iluminaba,veía pasar caras extrañas que no dejaban de verme atónitos,murmurando entre si, iban, apresuraban la marcha al castillo, cada una de ellas en pareja, todos usaban máscaras, y luego las grandes puertas se cerraban y se oían voces y risas,pude acercarme lo más que pude para oír lo que decían,y me atemorizaba saber que me pudieran descubrir,sola me sentía.En eso, una mano sentí en mi espalda, di la vuelta muy despacio,su mirada ¡oh sí!, su mirada, como el cielo mismo parecía,sacó un viejo papel de su bolsillo, lo leyó para mi,pero seguía sin poder entender nada, justo en ese momento todo aquello se desvanecíajunto aquel extraño de la mirada de cielo todo desapar…

En mi jardín hay rosas:

Yo no te quiero dar  las rosas que mañana...  Mañana no tendrás.
En mi jardín hay pájaros  con cantos de cristal:  No te los doy, que tienen  alas para volar...
En mi jardín abejas  labran fino panal:  ¡Dulzura de un minuto...  no te la quiero dar!
Para ti lo infinito  o nada; lo inmortal  o esta muda tristeza  que no comprenderás...
La tristeza sin nombre  de no tener que dar  a quien lleva en la frente  algo de eternidad...
Deja, deja el jardín...  no toques el rosal:  Las cosas que se mueren  no se deben tocar.
Dulce María Loynaz  fue una de las poetisas  más importantes  tanto en su tierra como en el mundo entero;  nació en la ciudad de La Habana  el 10 de diciembre de 1902  y falleció allí también el 27 de abril de 1997.